jueves, 23 de enero de 2014

Manuel Leguineche hace corto el camino de los topos

Anoche, mientras cenaba viendo las noticias en televisión me enteré que Manuel Leguineche había fallecido. Desde ese momento la maquinaria comenzó a chirriar...


Mucha gente no sabía de la existencia de Leguineche hasta su defunción, no sabían que era un magnífico reportero y escritor entre otras cosas. Yo si. Manuel Leguineche forma parte de mi adolescencia, o lo que es lo mismo, está implicado en quien soy ahora mismo.

Me vine de Alemania en el 77 y nos trasladamos a la casa de Manuel de Falla cuando mi hermano cumplió unos tres años, así que mi primer contacto con Leguineche se produjo sobre el 84 más o menos. Yo tenía unos catorce años, por aquella época devoraba todo lo impreso que caía a mi alcance. Mi madre estaba apuntada al Círculo de Lectores, y ahí estaban, en el mueble del salón, El camino más corto y Los topos, libros que nada tienen que ver con un adolescente.


El camino más corto es "una trepidante vuelta al mundo en automóvil" según reza en la portada del libro, que es del 78 y la edición que tengo es del 80 y que al parecer ahora está completamente descatalogado, una pena pues está considerado como el libro de viajes más importante escrito en español. Resulta que Leguineche emprendió la vuelta al mundo en un jeep desde Madrid a Nueva York acompañado de tres periodistas norteamericanos y un fotógrafo suizo, con el propósito de batir el récord mundial de distancia recorrida en coche. Un viaje que iba a durar siete u ocho meses y que una guerra inoportuna y otras aventuras prolongaron por espacio de dos años y más de 60.000 kilómetros.

Me pasaba las tardes de verano en las que aprovechaba el silencio de la siesta releyendo el recorrido por treinta paises de los cinco continentes, entre tifones y sequías, guerras, guerrillas y calmas chichas, desiertos sin fin, montañas casi infranqueables. Un día vende píldoras de vitaminas con mercaderes chinos en Tailandia y otro día es el invitado del rey de Laos en las fiestas de primavera, o toma el té con Indira Ghandi. Con quince años conocí el mundo contado por un periodista.




Los topos es otra historia bien distinta, el libro es del 78 y está coescrito con Jesús Torbado, este libro si se encuentra disponible, incluso con reediciones recientes como la del 2010. Otra lectura nada apropiada para un adolescente, o tal vez si... Los topos recogen el testimonio desgarrador de quienes fueron perseguidos por un enemigo invisible que los enterró en vida. Es un reportaje basado en 24 entrevistas a los llamados topos del franquismo. Un topo es una persona que, al saberse perseguido durante la guerra civil española, se esconde en casa (en un desván, un sótano, un escondrijo hecho entre dos paredes de ladrillo, un pozo, una pocilga...) para que no le maten y al acabar la guerra, sigue escondido por miedo a que lo descubran.

En los años 40 y 50, la represión franquista era muy dura y preferían estar encerrados en su casa antes de que les encontrasen. Algunos estuvieron 20 años, otros 30 y algunos más. La mayoría salió de su escondite en 1969, cuando Franco promulgó una amnistía general por la que prescribían todos los delitos cometidos durante la guerra, pero algunos siguieron ocultos, atenazados por el miedo. Protasio Montalvo, que fué alcalde republicano de Cercedilla, batió todos los récords. Estuvo escondido hasta después de la muerte de Franco, no salió hasta 1977, es decir estuvo 38 años escondido.

La vida cotidiana de los topos era peculiar, unos salían por la noche y dormían con su mujer, otros recibían a sus hijos en su escondite y los niños tenían que guardar el secreto. Alguno se encargaba de cocinar y cuidar a la prole mientras su mujer se iba a trabajar. Un topo estuvo 18 años en bata y zapatillas.

Desde luego, la realidad supera a menudo a la ficción.


De madrugada una amiga me preguntó qué hacía levantado y le dije que estaba ordenando mis ideas, durante seis horas la muerte de Manuel Leguineche me transportó a una época de mi vida.

Ahora, tras el paso de los años, reconozco tu mérito. Descanse en paz, maestro.


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